El ministro de Relaciones Exteriores, Alberto van Klaveren, dictó una clase magistral sobre los desafíos de la política exterior de Chile en un encuentro organizado por el Centro de Estudios Internacionales UC y la Fundación Konrad Adenauer, que se llevó a cabo en el Aula Magna Manuel José Irarrázaval de la Casa Central de la Pontifica Universidad Católica.
En su intervención, el canciller afirmó que la política exterior de Chile se entiende desde una combinación de continuidad y cambio. “Asentada en una tradición de Estado, pero obligada a incorporar dimensiones que hoy son ineludibles. Esa necesidad inspiró, por ejemplo, nuestro énfasis en temas tan diversos como la igualdad de género o nuestra política oceánica, la preocupación por el cambio climático o la defensa de los derechos humanos”, afirmó.
En ese sentido, agregó que “ese equilibrio entre continuidad y cambio se vuelve aún más relevante cuando el sistema internacional se fragmenta, cuando se debilitan consensos multilaterales, cuando se alteran las prácticas de la diplomacia y cuando proliferan respuestas unilaterales a problemas que, por definición, no se pueden resolver en solitario”.
Por ello, el ministro indicó que “para Chile, adherir al multilateralismo no significa ignorar sus déficits, significa apostar por su reforma, por su eficacia y por su capacidad de dar respuestas concretas”. “Cuando fallan los mecanismos multilaterales para prevenir crisis o para responder a ellas, se multiplican las soluciones unilaterales, se normalizan las violaciones del derecho internacional y se debilita la confianza”, puntualizó.
El canciller además señaló que “en nuestra región se observan retrocesos en independencia judicial, ataques a la libertad de prensa y tendencias que apelan a la seguridad para justificar concentraciones de poder”, por lo que señaló que “la defensa de la democracia y de los derechos humanos, por tanto, no puede ser selectiva ni instrumental”.
“Si los derechos son universales, su protección no admite doble estándar. Y si la democracia es un principio, su defensa exige coherencia, incluso cuando es incómoda. Para Chile esto se traduce en una política exterior que sostiene principios, denuncia violaciones sistemáticas de derechos humanos, apoya mecanismos internacionales de protección y promueve salidas políticas y pacíficas a las crisis”, complementó.
Finalmente, el canciller aseguró que la política exterior requiere tres virtudes: coherencia, para sostener que el derecho internacional se defiende siempre; pragmatismo, para diversificar vínculos sin caer en alineamientos automáticos; y sentido de Estado, para recordar que la política exterior trasciende ciclos políticos, se sostiene en instituciones y requiere una continuidad mínima que permita construir confianza en el tiempo.