En el presente año, el Ministerio de Relaciones Exteriores conmemorará 155 años de historia. Hitos de estas características constituyen una oportunidad para hacer balances, pero también para pensar, con responsabilidad y visión de futuro, el rol que la Cancillería está llamada a desempeñar en las próximas décadas. A lo largo de más de un siglo y medio, la política exterior de Chile se ha construido sobre la base de un conjunto de principios permanentes que recalcan su carácter de política de Estado que trasciende la contingencia política local. La permanencia de esta mirada es lo que proyecta y prestigia a nuestro país, transformándolo en un socio confiable, cuestión que es especialmente relevante cuando el escenario internacional se encuentra en una profunda transformación.
Lo anterior no ocurre, por cierto, en el vacío, para darle continuidad y solidez a nuestra política exterior, se precisa profesionalismo, vocación de servicio público y compromiso con el interés nacional. Es por esa razón que nuestro trabajo ha estado guiado por una convicción clara: no es posible fortalecer la acción exterior del Estado sin poner en el centro a las personas que la hacen posible.
Durante el último cuatrienio, el Ministerio ha impulsado diversas iniciativas que consolidan capacidades institucionales y promueven el desarrollo integral y el bienestar de quienes trabajan en la Cancillería. Este esfuerzo responde a los desafíos que enfrenta el país en un contexto global cada vez más complejo, donde se requieren instituciones públicas capaces de actuar con coherencia, eficiencia y sentido de lo público. Los avances relevantes llevados a cabo en el Ministerio de Relaciones Exteriores reflejan una visión estratégica de mediano y largo plazo, alineada con los principios de política exterior y con los compromisos internacionales de Chile.
Es por esta razón que impulsamos la actualización del Reglamento Orgánico de nuestra Subsecretaría, que fue el producto de un trabajo arduo y colectivo, con la participación activa de directoras y directores generales, así como de una mesa de trabajo con las asociaciones de funcionarias y funcionarios.
Dicha instancia permitió abordar desafíos complejos en los siguientes ámbitos: fortalecimiento de la función consular; de la gestión de personas contratadas localmente; de la atención ciudadana y transparencia, entre otros. Dentro de este hito destaca la creación de la División de Asuntos de Género (DAG), que permitirá seguir avanzando en los compromisos de Cancillería en esta materia, tanto en el trabajo interno como en la proyección internacional de Chile, logro que ha estado alineado con los avances de nuestra Política Exterior Feminista.
Pero si de compromiso con la mejora continua se trata, el año 2025 la Subsecretaría de Relaciones Exteriores se adjudicó, por primera vez, el Premio Anual por Excelencia Institucional, en reconocimiento a una gestión moderna, innovadora y centrada en las personas. El galardón destacó iniciativas emblemáticas implementadas durante 2024, orientadas a fortalecer la atención a la ciudadanía y a responder de manera oportuna y efectiva a sus necesidades.
Entre ellas, sobresale el modelo de atención consular, una propuesta innovadora para la protección integral de mujeres chilenas víctimas de violencia especialmente aquellas que han sido víctimas de violencia de género. Asimismo, se reconoció la creación de www.consulado.gob.cl, una ventanilla única digital que moderniza el acceso a servicios e información consular, facilitando una atención más cercana, ágil y accesible para las personas usuarias, sin importar su ubicación geográfica.
Estos avances se complementan con un conjunto de acciones innovadoras que refuerzan el compromiso institucional con una atención pública de calidad, tales como la modernización integral de los espacios de atención al público; la implementación de un CRM Chatbot con inteligencia artificial para resolver consultas consulares de manera eficiente y permanente; y la creación de un mecanismo de reclamación, que fortalece la confianza y la protección de los derechos de la ciudadanía.
En conjunto, estas iniciativas reflejan una Cancillería que innova, se transforma y pone a las personas en el centro de su quehacer, fortaleciendo una atención pública moderna, inclusiva y alineada con las demandas actuales de la ciudadanía.
Del mismo modo, y alineados con nuestra Política Exterior Feminista, nuestra Subsecretaría obtuvo la Certificación de Oro en el Sello de Igualdad de Género para las Instituciones Públicas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), convirtiendo a Chile en el primer país donde dos instituciones públicas, junto al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, obtienen la distinción máxima de este galardón internacional.
Esta certificación fue el resultado de un proceso de más de dos años de trabajo, alcanzado un porcentaje de logro del 92,5% en el benchmarking de esta certificación. De esta manera, la institución es reconocida como una organización que cumple altos estándares en materia de género, en un proceso que implicó el trabajo en cinco dimensiones: planificación y gestión; arquitectura y capacidades para la igualdad de género.
En el marco de los compromisos estratégicos de la institución, se ha contemplado la implementación de la Norma Chilena 3262 de 2021 de Igualdad de Género y Conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Esta iniciativa ha permitido evaluar políticas internas, programas y prácticas vinculadas principalmente a tres ejes de gestión interna: gestión de personas, ambientes laborales e infraestructura.
Desde este punto de vista nuestra Política Exterior Feminista, más que una declaración programática, ha asumido la igualdad y la no discriminación como principios estructurales del quehacer de nuestro Ministerio, reconociendo que las brechas que afectan a mujeres y niñas —y que se profundizan cuando convergen factores como el origen étnico, la edad o la condición socioeconómica— limitan las posibilidades de un desarrollo sostenible e inclusivo.
Estos desarrollos institucionales tienen raíces profundas en las líneas maestras de la política exterior chilena. Desde la Declaración de los Derechos Humanos en 1948, el país siempre ha manifestado su compromiso con la promoción y defensa de esos derechos, con especial énfasis en los de las mujeres y las niñas. Pasos tan importantes como la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing de 1995 y la Convención de Belem do Pará de 1994 contaron con la participación activa de mujeres chilenas y el apoyo institucional del Estado de Chile. Esa cultura de promoción y defensa de la igualdad entre hombres y mujeres, que abre paso a sociedades más integradas e inclusivas, más los avances institucionales destacados en esta columna, son la base de una acción internacional coherente con nuestros principios y trayectoria democrática.
Pero el compromiso con la excelencia institucional también tiene que ver con la transparencia y la integridad como un valor para la gestión pública de calidad. Es por esta razón que, teniendo como telón de fondo la Estrategia Nacional de Integridad Pública (ENIP), nos propusimos avanzar en la construcción de un Programa de Integridad Institucional, que refleja nuestro quehacer y los desafíos específicos de nuestro trabajo, destacando el desarrollo de una plataforma de integridad, un modelo de atención ciudadana basado en el trato digno a la ciudadanía y el desarrollo de un programa de Fortalecimiento para Autoridades, Jefaturas y Planta del Servicio Exterior, orientado a consolidar conocimientos en integridad pública, prevención del acoso y la violencia en el trabajo, y atención consular con perspectiva de género.
Estos avances son un piso relevante para seguir construyendo una Cancillería moderna y preparada para los desafíos de las próximas décadas. Honrar la historia del Ministerio implica también asumir la responsabilidad de proyectarlo sobre bases sólidas y apoyadas en una cultura institucional que promueve la excelencia, el respeto y el cuidado de las personas. De este modo, Chile podrá seguir contando con un cuerpo integrado por funcionarias y funcionarios capaces de representar sus intereses y valores con legitimidad, profesionalismo y una profunda vocación de servicio público.