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Un ministerio que avanza y se proyecta al futuro

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Un ministerio que avanza y se proyecta al futuro

Por Alberto van Klaveren Stork - Ministro de Relaciones Exteriores

Desde que asumimos el Ministerio de Relaciones Exteriores – y también en el periodo previo, bajo la conducción de la Ministra Antonia Urrejola – hemos trabajado con dedicación para conducir la política exterior de Chile en años particularmente exigentes. Al cerrar esta etapa, quiero dirigirme, ante todo, a ustedes: a quienes hacen posible que esta Cancillería funcione, responda y esté a la altura de lo que el país espera, en Santiago, en regiones y en cada embajada, misión y consulado.

En un contexto internacional volátil, Chile sostuvo una acción exterior que no depende de impulsos ni de coyunturas, sino de principios y orientaciones ampliamente compartidos, respaldados por instituciones democráticas, profesionalismo y control público. Ese carácter de política de Estado es una de las principales fortalezas del país: da previsibilidad a nuestra voz, confianza a nuestros socios y estabilidad a la manera en que defendemos nuestros intereses.

En estos años, reafirmamos fundamentos permanentes: la integridad territorial; la protección de nuestras y nuestros connacionales en el exterior; una inserción económica abierta y basada en reglas; y la convicción de que el derecho internacional y la solución pacífica de controversias siguen siendo el camino más eficaz para encauzar diferencias. A ello se sumó, de manera consistente, un compromiso inequívoco con la promoción y protección de los derechos humanos y la democracia. Procuramos actuar con coherencia, incluso cuando el contexto internacional nos presiona hacia respuestas más simples, más ruidosas o más inmediatas a asuntos complejos.

La política exterior en estos cuatro años combinó continuidad y cambio: continuidad en los principios, y cambio en la manera de proyectarlos en un escenario que se redefine con rapidez. La agenda internacional ya no se limita a la diplomacia en sentido clásico. Se entrelaza con energía, transición productiva, innovación, seguridad, ciencia y tecnología, además de desafíos globales que inciden directamente en la vida de las personas. Por eso, una característica de este periodo fue un trabajo interministerial más sistemático, que permite que Chile actúe hacia afuera como un Estado coherente, con objetivos convergentes y capacidad de ejecución.

En el plano regional, reafirmamos que una política exterior sólida comienza por una relación constructiva con el entorno inmediato. Con trabajo técnico y perseverancia, consolidamos canales de diálogo y cooperación práctica con nuestros vecinos, orientando la relación hacia agendas de futuro.

En lo económico, mantuvimos la regla de una inserción internacional abierta, previsible y basada en normas, en un momento en que el unilateralismo y la incertidumbre comercial se intensifican. Avanzamos en modernizar y ampliar instrumentos que fortalecen nuestra integración a mercados y cadenas de valor, procurando conectar esa apertura con objetivos de desarrollo y diversificación.

En paralelo, los temas globales pasaron a ser estructurantes. Chile proyectó una acción internacional activa frente a la crisis climática y otros desafíos ambientales, promoviendo cooperación y tendiendo puentes. Asimismo, nuestra vocación oceánica adquirió un sentido renovado, particularmente con la entrada en vigor del Acuerdo BBNJ. Y reforzamos una dimensión inseparable de la coherencia democrática: la incorporación de enfoques de igualdad de género, incluida la política exterior feminista, como perspectiva transversal.

Junto a estas orientaciones generales, hubo una dimensión cotidiana que nunca perdimos de vista: la protección consular y la capacidad de respuesta ante crisis. Es allí donde la política exterior se vuelve servicio público y donde la ciudadanía percibe con mayor claridad el aporte concreto de este Ministerio.

Por supuesto, nada de esto sería posible sin la labor diaria de cada una y cada uno de ustedes. Si la política exterior de Chile puede sostenerse como política de Estado es porque existe un servicio exterior profesional, una institucionalidad robusta y equipos que trabajan con rigor y vocación pública, en Santiago y en cada punto de nuestra red en el exterior.

Por eso, concluyo con un reconocimiento y un agradecimiento explícitos. Agradezco al equipo que me acompañó; a las subsecretarias Gloria de la Fuente y Claudia Sanhueza; a directores y directoras; a nuestras embajadoras y embajadores; a todas y todos los miembros del servicio exterior; a la planta directiva, profesional, técnica, administrativa y auxiliar; y a las personas de contratación local en embajadas, misiones y consulados. Ustedes sostienen el trabajo del Estado en el exterior con seriedad, continuidad y sentido de país.

Me despido con gratitud y con confianza en el futuro de esta Cancillería. A todas y todos, muchas gracias.