Chile atraviesa un escenario internacional en el que las tensiones geopolíticas se han convertido en un elemento estructural del sistema, los cambios tecnológicos acelerados fomentan la competencia global en el acceso a minerales críticos y las amenazas a nuestra seguridad tienen ahora dimensiones transfronterizas. La política exterior que este gobierno impulsa tiene la tarea de contribuir efectivamente a mejorar la calidad de vida de las familias chilenas y proyectar el Chile que queremos ser en el mundo que nos ha tocado vivir. El contexto nos demanda actuar con sentido de urgencia frente a los desafíos inmediatos, pero sin perder de vista el horizonte estratégico de largo plazo.
No se llega a la Cancillería a refundar, se viene a agregar esfuerzos en la defensa del interés nacional, manteniendo siempre los principios de política exterior, y abordando nuevas exigencias urgentes.
Para cumplir con nuestro deber hemos definido tres prioridades que orientarán nuestra acción en los próximos años: seguridad, crecimiento económico y construcción de confianzas. Si bien estos tres conceptos no agotan el conjunto de tareas de la Cancillería, nos permiten enfocar nuestros esfuerzos para alcanzar logros concretos en aquellos temas que la ciudadanía ve con mayor preocupación.
En primer lugar, proyectar a Chile como un país seguro. Los desafíos a la seguridad hoy trascienden las fronteras y fenómenos como el crimen organizado y el narcotráfico requieren respuestas coordinadas entre diferentes estados. En este ámbito, la política exterior debe fortalecer la cooperación internacional y consolidar redes de colaboración efectivas para anticiparse a las organizaciones criminales y frenarlas antes de que se instalen en nuestro territorio, para proteger a nuestros ciudadanos.
En segundo lugar, impulsar el crecimiento económico para que Chile avance hacia el desarrollo. La política exterior es también una herramienta al servicio del crecimiento (promoviendo las exportaciones y las inversiones) y la diversificación de destinos, productos y servicios. Nuestro país cuenta con oportunidades significativas en sectores como minería, energía, ciencia, tecnología e innovación. Aprovecharlas exige conectar a Chile con centros globales de conocimiento, atraer inversión estratégica y construir alianzas que permitan generar mayor valor agregado y desarrollar nuestro capital humano. Tenemos que hacer que el mundo vuelva a “elegir a Chile”.
En tercer lugar, consolidar a Chile como un socio confiable. En un escenario internacional marcado por la incertidumbre y en una sociedad global de redes, la confianza es un activo estratégico. Debemos proyectarnos como un país serio, confiable, que honra sus compromisos y que actúa con transparencia, reafirmando nuestro compromiso con un orden internacional basado en reglas. La capacidad de sostener relaciones fluidas, así como gestionar tensiones con prudencia y visión, también son elementos clave en este entorno global.
La diplomacia no es solo representación, también es una palanca para el desarrollo. La experiencia internacional muestra que muchas de las decisiones que moldean el destino de los países no ocurren en grandes escenarios, sino en espacios discretos donde se actúa con constancia, preparación y sentido de responsabilidad.
Asumir la conducción de la política exterior implica reconocer esa tradición y proyectarla hacia el futuro. Es una tarea esencialmente colectiva, que solo puede llevarse adelante con el compromiso, la experiencia y el trabajo conjunto de quienes forman parte de la institución.
El desafío es claro: fortalecer la Cancillería para seguir proyectando a Chile como un país seguro, en crecimiento y confiable.