En nombre del Ministerio de Relaciones Exteriores y de todos sus funcionarios, me corresponde despedir en esta solemne ceremonia al destacado hombre público y Canciller de Chile por el período 1990 -‐1994, don Enrique Silva Cimma. Tal como ya lo hicieran ayer el Presidente de la República y otras autoridades, hacemos llegar a su familia y seres queridos nuestras expresiones de pesar ante su deceso.
Las múltiples actividades que desarrolló don Enrique durante su vida son de todos conocidas y ellas abarcaron los más diversos ámbitos de la enseñanza, la política, la cátedra universitaria y la función pública, siempre desde la visión de un hombre de estado, interesado y reflexivo, pero también un partícipe activo de nuestra historia de los últimos 50 años.
Quisiera concentrar mis palabras en su fructífera labor como Canciller, pues otros ya se han referido o lo harán en lo que fue su legado como Profesor de Derecho Administrativo, Contralor General de la República, miembro y Presidente del Partido Radical o Senador de la República, que fueron algunas de las altas responsabilidades nacionales que desempeñó con brillo y probidad don Enrique.
Tuve la oportunidad de compartir con él en las diversas sesiones del Comité Asesor de ex Cancilleres en estos últimos dos años, en los cuales siempre participó. Su voz era respetada, sus argumentos fundados, su prudencia bienvenida y las sugerencias atinadas. En política exterior siempre privilegió los intereses permanentes y la unidad del país por sobre cualquier fractura o fricción partidista.
En las delicadas materias que eran analizadas y consultada la opinión de los ex Cancilleres, siempre tuvo un aporte sólido que hacer y una palabra de aliento o apoyo ante las decisiones que debían adoptarse, pues comprendía muy bien las complejidades y responsabilidades del cargo.
Durante sus cuatro años de Canciller y ejecutando la política exterior definida por el Presidente Patricio Aylwin, le correspondió la inmensa tarea de reinsertar a Chile en el concierto regional y global, retomando la posición y participación que abandonamos por tantos años. En el plano regional, los ejes articuladores de sus acciones fueron el fortalecimiento de las instituciones democráticas en toda nuestra América, la consolidación del estado de derecho y orden constitucional de cada nación, así como el pleno respeto de los derechos humanos. A implementar estas políticas como Canciller se dedicó con pasión y total entrega.
Recibir a los más altos dignatarios y Jefes de Estado, visitar junto al Presidente Aylwin las capitales de los países amigos y que fueron solidarios con Chile, incorporarse al Grupo de Río, volver a tener una voz en el Movimiento de los No Alineados o el Grupo de los 77, poder ser nuevamente electo en los más importantes órganos del sistema de Naciones Unidas, como el Consejo Económico Social -ECOSOC-‐ o el Consejo de Seguridad, entre tantos otros ámbitos e instituciones que podríamos mencionar, fueron una parte de los resultados concretos y tangibles que tuvo el paso de don Enrique por la Cancillería.
En su acción destacan en lo vecinal los relevantes tratados y acuerdos con Argentina, que permitieron resolver algunas demarcaciones limítrofes pendientes. En lo regional Chile fue sede de la vigésimo primera Asamblea General de la OEA en 1991 y en ella se adoptaron el importante "Compromiso de Santiago con la Democracia y la renovación del sistema interamericano" y la Resolución sobre "Democracia Representativa", instrumentos que generaron un mecanismo de respuesta en el marco de la OEA frente a cualquier situación de interrupción de un proceso democrático. Estos instrumentos se han ido perfeccionando en los otros foros creados por nuestra región, como la UNASUR, y la cláusula democrática que en ella se ha adoptado. Como hemos visto en días recientes, estos problemas siguen afligiendo a nuestra región y la visión de hombres de estado como don Enrique, nos permite estar hoy más alertas y mejor preparados para poder resolver estas complejas situaciones.
Otro gran evento en su período fue la Cumbre del Grupo de Río en octubre de 1993, ya casi al finalizar su tarea. Los documentos finales aprobados por los Jefes de Estado del Grupo nos entregan una voz y perspectiva común desde la cual nuestra región pudo integrarse y participar en la discusión de los grandes problemas y desafíos que enfrenta la humanidad, o lanzar el proceso de diálogo con la Comunidad Europea, que luego, en el caso de Chile, condujo al Acuerdo de Asociación con la Unión Europea de 2002. Esta dinámica inserción de Chile en las actividades de la región que se iniciara bajo don Enrique, continúa hasta nuestros días, en que nos toca presidir la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe -CELAC-‐, heredera del acervo y patrimonio histórico del Grupo de Río.
Conducir la transición de una Cancillería proveniente del gobierno militar a una de un gobierno democrático no fue una tarea fácil. Inseguridades e inquietudes reinaban en sus cuadros funcionarios. Pero don Enrique era primero que todo un hombre de derecho y que creía fuertemente en la institucionalidad republicana. Por ello se respetó la carrera funcionaria y aunque privilegió en su plana directiva y de Embajadores a quienes también tuvieran esa dosis de confianza política, se pudo ir lentamente preparando un equipo profesional de alta calidad del servicio exterior para que fueran asumiendo posteriormente esas tareas directivas, lo que hoy es una realidad.
No es ahora el momento de hacer un repaso exhaustivo de las múltiples y variadas acciones que efectuó en los 48 meses que ejerció su cargo de Canciller. Por cierto que muchas relevantes actividades quedarán fuera de estas breves menciones. Pero sin perjuicio que concluida su labor como Canciller don Enrique ejerció diversos cargos de todos conocidos, su interés por los temas internacionales no decayó. De esta forma, junto con su constante apoyo a las tareas de los posteriores Ministros de Relaciones Exteriores, dedicó gran parte de sus últimos años a preparar un libro que recogiera plenamente sus vivencias y memorias de los principales hitos de la política exterior chilena de marzo 1990 a marzo 1994.
Así, hace algunas semanas me había solicitado -‐y yo con gusto accedido-‐ a efectuar el lanzamiento de esa valiosa publicación en la Academia Diplomática de Chile. Ello en parte refleja ese apego por la institucionalidad y el afecto que tenía al Ministerio de Relaciones Exteriores, pues pudiendo haber realizado este acto en otros lugares, había escogido a su sede más emblemática, como es la Academia Andrés Bello, institución formadora del servicio exterior de Chile.
La fecha estaba fijada, era este próximo jueves 19 de julio. Pero hace algunos días nos indicó que deseaba agregar unas fotos al libro y por ello habíamos decidido postergar el evento para el próximo mes de agosto. Lamentablemente el destino ahora ha dispuesto otra cosa. Aunque ya no tendremos presente a don Enrique para que nos ilustre con su sabiduría jurídica y diplomática, estoy cierto su libro será una lectura obligada para la formación de nuestros funcionarios y para todos los que siguen con interés el desarrollo de nuestras relaciones exteriores.
En sus páginas, que esperamos conocer dentro de poco, sabremos más sobre las conversaciones y negociaciones con Jefes de Estado y Cancilleres; las desconfianzas que subsistían en muchas naciones, especialmente europeas, sobre nuestra transición democrática enmarcada en una Constitución aprobada bajo otro régimen; o la complejidad jurídica, política y diplomática a la cual se enfrentó para resolver el caso Honecker; o como visualizó entonces don Enrique la imperiosa necesidad de contar con una cancillería eficiente, moderna y dinámica.
Con enorme gratitud por su valiosa contribución a la defensa de nuestros intereses permanentes en política exterior y a su disposición a servir por sobre todo a Chile, sin egoísmos ni diferencias políticas, vengo en expresar a la familia del ex Canciller de Chile, don Enrique Silva Cimma, a sus amigos y miembros de su partido, el afecto y aprecio del Ministerio de Relaciones Exteriores ante la sensible pérdida de tan destacado e ilustre servidor público.
Muchas Gracias.

