Sala de Prensa
Jueves, 27 de julio de 2017 
Clase Magistral del Ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, en la Universidad Central
Comparte :

Imagen foto_00000001

Amigas y amigos,

Hablar sobre Chile en el nuevo escenario global obliga a partir por aquello que ha cambiado en los últimos tiempos.

PRESENT AT THE CONFUSION

El actual orden internacional ya no es aquel de la post-guerra, que tan bien describió Dean Acheson en su famoso libro "Present at the Creation", donde describe la estructura del sistema internacional después de la Segunda Guerra Mundial, como la creación de las Naciones Unidas, de la OTAN, del Plan Marshall y los organismos regionales e internacionales. Es decir, la estructura que hemos conocido hasta nuestros tiempos. Hoy, nuestra realidad es bastante diferente. Si tuviéramos que escribir un libro sobre el presente, ¿cuál sería su título? Probablemente: "Present at the Diffusion". O más bien: "Present at the Confusion".

Hoy existe una tremenda difusión del poder. Las redes sociales juegan un papel fundamental porque súper-empoderan a los individuos para desafiar el sistema político y exigir accountability, más rendición de cuentas por medio de una suerte de democracia directa. Esto se refleja en una suerte de descontento público creciente, una insatisfacción que la vemos en nuestro país, pero que también se aprecia alrededor del mundo. Porque cuando yo recibo a Cancilleres o Primeros Ministros y me preguntan por Chile, y yo hablo de la insatisfacción que hay con la política y no solo con los partidos, con las diversas instituciones y una cierta apatía, la mayoría de los interlocutores dice "en mi país pasa lo mismo". Entonces, este es un fenómeno global que estamos experimentando.

Parecería que estamos viviendo tiempos de protestas contra el sistema, como ocurría a fines de los 60 e inicios de los 70, con la guerra del Vietnam, lo que ocurría en Francia o en otras partes del mundo en esa época. Ahora, este enojo y protesta era bien distinto al que se expresa ahora en la era del Internet. Incluso, en la página web del diario The Guardian ya hay una sección institucionalizada titulada "Protesta", para canalizar las quejas de los lectores.

La cercanía que genera Facebook o Twitter y la amplia disponibilidad de los smartphones nos hace experimentar las esperanzas, las frustraciones los deseos de todo el mundo directamente y en tiempo real.

Vivimos en una era digital que ha acelerado el futuro a una velocidad sorprendente. La transformación digital, el desarrollo de wireless y cloud, han permitido que la gente esté conectada con mucho menos infraestructura física que en el pasado, y estamos poco preparados para eso. Y estamos a punto de entrar en la era de la inteligencia artificial. Somos testigos de un mundo post-guerra fría lejos del contexto de paz que esperábamos en los 90; la comunidad internacional se ve enfrentada a amenazas distintas al holocausto nuclear, que era la gran amenaza de antes. Mientras hoy, aunque la amenaza nuclear continúa vigente, los peligros provienen del terrorismo, del ciberterrorismo, de las pandemias y de las crisis humanitarias.

Estamos enfrentando retos de una globalización económica, social y cultural en un escenario muy distinto del que conocimos escasas décadas atrás, cuando nadie tenía un computador o ni siquiera soñaba con un iphone, y la Unión Soviética todavía existía. Y, en menos de tres décadas, ya no hay Unión Soviética.

Los gobiernos y los poderes centrales están perdiendo poder ante nuevos actores. Los Silicon Valleys están eclipsando a las capitales. Hay nuevos detentadores del poder, principalmente innovadores.

Los avances tecnológicos ya han transformado la economía mundial. El éxito ya no dependerá de la mano de obra barata o del capital físico, sino de quienes puedan innovar y crear nuevos productos, servicios y modelos de negocios. Las buenas ideas que concentren beneficios serán escasas. El capital digital primará por sobre el financiero o físico.

Las impresoras de tecnología 3D, para adaptar los productos a las demandas de los consumidores, ya se han instalado en las industrias. Según una encuesta de Price Waterhouse Coopers, dos de cada tres compañías norteamericanas ya han adoptado alguna modalidad de tecnología 3D.

Están surgiendo nuevos ganadores y perdedores. Estamos siendo testigos de la instalación de lo que los economistas llaman una curva de Pareto, esto es, los pocos que innovan y tienen acceso al conocimiento se beneficiarán de manera desproporcionada. Un ejemplo es la quiebra de Blockbusters versus el éxito de Netflix. El modelo de negocio de Blockbusters se basaba en mantener cientos de tiendas y que los clientes tuvieran que trasladarse para seleccionar y arrendar películas, así como ser penalizados en caso de atraso, que era la ganancia principal del negocio. En cambio, Netflix, a partir de una web, cobra a sus consumidores por suscripción y podemos ver películas o series de TV desde el living de nuestras casas. Y hoy Netflix es un fenómeno global –el 50% de sus ganancias son de fuera de Estados Unidos-, aunque a algunos no les guste la globalización. De nuevo, el poder de la "innovación disruptiva" de la era digital.

Paralelamente, hay un colapso de la autoridad en la política, que se refleja en una desconfianza creciente en las instituciones y sus autoridades. A eso se suma el fenómeno de la post-verdad -la palabra del año pasado según el Diccionario Oxford- que significa que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamados a la emoción y a las creencias personales. Se trata del predominio de las emociones, de las creencias arraigadas, y de las supersticiones sobre la razón y los hechos. El populismo está llevando al desdén por los expertos y el conocimiento; The death of expertise, como dice Tom Nichols, un destacado sociólogo, en un libro reciente. Es la muerte del conocimiento porque la gente les da más crédito a sus creencias propias que a los hechos concretos.

Esto ocurre en diversos rincones del mundo. La post-verdad trae consigo rabia y descontento contra enemigos: los inmigrantes, los musulmanes, los mexicanos, Wall Street, los burócratas de la UE, en definitiva, los diferentes. El problema es que necesitamos de la política y un sentido de comunidad. Como bien decía Zygmunt Bauman, las redes sociales pueden crear un "sustituto de comunidad" (la red te pertenece y puedes añadir o borrar amigos); pero, el diálogo y la acción real es interactuar y trabajar acuerdos con gente que piensa distinto a uno.

La desconfianza ciudadana, generada por escándalos de corrupción, abuso, desigualdad y políticas públicas deficientes es un problema del escenario global. Y es un desafío para la calidad de la política, en un momento en que los idearios de la social democracia, el social cristianismo e incluso el liberalismo pierden terreno frente a propuestas populistas que buscan capitalizar el descontento ciudadano.

En este contexto, la elección del Presidente Donald Trump en EE.UU. ha sido señalada por analistas como el comienzo de una nueva era. No estoy de acuerdo. Más bien creo que es una expresión de los nuevos tiempos de insatisfacción ciudadana, del malestar con los frutos asimétricos de la globalización, con el balance de ganadores y perdedores en el proceso irresistible de innovación tecnológica. En este algunos ganan y otros pierden.

La apertura del comercio, la interconectividad, la aceleración tecnológica han sacado a millones de personas de la pobreza y creado nuevas capas medias. Según el Banco Mundial la cantidad de personas que viven por debajo de la línea de pobreza cayó a 10,7 % de la población global en 2013, desde un 39% en 1990, pese a que los habitantes del planeta aumentaron en casi 2.000 millones en ese lapso. Pero, los beneficios han ido a parar de manera desproporcionada a grupos minoritarios, dejando a muchos rezagados en el camino.

Por eso quizás los electores más pobres, los de mayor edad, los menos educados y los que viven en zonas rurales tendieron a votar por Trump y por el Brexit. Y por eso en América Latina, pese a que 70 millones de latinoamericanos han dejado de ser pobres en la última década, hay sectores que piensan que han sido dejados atrás y, por lo tanto, la democracia ha sido desafiada.

COEXISTENCIA DE DISTINTAS REALIDADES

Más que una transición a una nueva era, estamos en un momento en que distintas realidades coexisten. Esto daña la toma de decisiones del sistema internacional, más aún cuando existe un déficit de liderazgo.

El desafío digital que enfrentamos se entrelaza y coexiste con las nuevas y antiguas realidades. El progreso histórico no es lineal. Hay avances y retrocesos. Como lo afirmaba el filósofo italiano Gianbatista Vico hay "corsi e ricorsi". En otras palabras, la era digital todavía no se impone totalmente, así como el antiguo orden tampoco desaparece por completo. Dicho de otra manera, la nueva economía coexiste con la vieja economía. Y esa es parte de las dificultades.

La era dominada solo por EE.UU. ha terminado y Washington, aunque sigue siendo la principal potencia mundial, tiene mucho menos poder que hace décadas en un momento en que se torna al unilateralismo y el lema de "America First". Es un escenario difícil con una UE en reordenamiento, una China ascendente, con los países emergentes en retroceso, y un cuadro de "recesión de liderazgo colectivo".

Lo que enfrentamos en el escenario mundial se hace más complejo por el actual marco económico internacional. Hay justificada inquietud por la ralentización de la economía mundial y la caída de los precios de los commodities, que todavía son el motor de la economía de la mayoría de los países de América Latina. Las tasas de crecimiento en la región van todas para abajo, por causa justamente que no hemos hecho la transición de la economía extractiva, de commodities, a una economía distinta.

En definitiva, ¿qué se desprende de este cuadro global para Chile?

El desafío para los que trabajamos en política exterior es combinar un buen diagnóstico del momento internacional con los principios e intereses nacionales para afrontar los retos de un mundo turbulento. No es un trabajo fácil porque ellos pueden estar contrapuestos.

Sin embargo, hay cuatro cosas que debemos hacer: Primero, pese a las presiones proteccionistas debemos profundizar nuestra apertura al mundo, agregando más valor a nuestras exportaciones; segundo, contribuir a la gobernanza global, especialmente en los temas más sensibles para Chile; tercero, hacer lo posible por impulsar un regionalismo pragmático, de convergencia en la diversidad; y, cuarto, persistir en nuestra política de promoción y defensa de la democracia y los derechos humanos.

NUESTRA EXITOSA POLÍTICA COMERCIAL

Debemos profundizar nuestra apertura al mundo. La capacidad de innovar y crear son elementos fundamentales para el crecimiento económico.

Para Chile, la transición de un modelo económico basado en la extracción y exportación de recursos naturales a uno centrado en la creatividad y la innovación es un imperativo. Por cierto, se puede innovar a partir de nuestros recursos naturales. Colocar una manzana fresca en China requiere mucha innovación, en materia de trasporte, embalaje o marketing. Pero nos falta invertir mucho más en ciencia y tecnología, en nuestras universidades, en el vínculo entre la investigación y el quehacer económico. Scientia potentia est, decía Sir Francis Bacon ("el conocimiento es poder"). Pero invirtiendo el 0,4 de nuestro PIB en ciencia y tecnología, es difícil llegar a ese propósito. Además, esa inversión la hace el Estado, mientras en los países desarrollados la hacen los privados. Aquél tiene un papel complementario. Entonces, si no somos capaces los privados y el sector público de invertir en ciencia y tecnología por lo menos un punto del PIB, difícil que podamos lograr esa transición al mundo que se nos viene por delante. Y, además, debemos asegurar sociedades inclusivas para evitar la concentración de beneficios en unos pocos.

Desde la restauración de nuestra democracia, la inserción internacional que hemos desarrollado los distintos gobiernos ha ido de la mano con una política comercial que se ha caracterizado por un esfuerzo extraordinario para contribuir al desarrollo económico del país. Ello se ha traducido en 26 acuerdos comerciales, con 64 países, que representan sobre el 60% de la población mundial y más del 85% del PIB global. Esto le ha permitido a Chile tener un intercambio comercial superior a los 120 mil millones de dólares anuales en 2016. Eso es creación de empleo. Eso es creación de prosperidad.

Nuestra política comercial ha sido beneficiosa, y ha significado crecimiento económico, generación de empleo y reducción de la pobreza. Sin embargo, necesitamos un nuevo empuje, para dar otro salto al progreso. Además del trabajo multidimensional para diversificar nuestra matriz productiva, hemos iniciado negociaciones para el perfeccionamiento de nuestros acuerdos, como lo estamos haciendo con China, con la Unión Europea, de manera que abarquen áreas no consideradas y que apoyen nuestra agenda de productividad.

Hemos negociado un acuerdo de libre comercio con Uruguay que es progresista, porque amplía el acceso de nuestros bienes y servicios, a la vez que resguarda los derechos de los trabajadores, protege el medio ambiente y empodera económicamente a las mujeres. El componente de género fue también un capítulo clave en la modernización reciente de nuestro longevo y exitoso acuerdo comercial con Canadá, que lo firmamos recientemente cuando fuimos con la Presidenta. Y que incluso es mejorado, porque le incluimos una comisión de seguimiento.

En marzo, después de la salida de Estados Unidos del TPP, y el término de dicho acuerdo como tal, Chile convocó a una exitosa reunión ministerial en Viña del Mar. Fue un riesgo, pero lo hicimos con la presencia de ministros y altos funcionarios de 15 países de la Cuenca del Pacífico para discutir cómo proceder.

De este encuentro salió algo interesantísimo, porque la Alianza del Pacífico se transforma en una alternativa para negociar acuerdos de libre comercio en la región Asia Pacífico como bloque. Y ya acordamos negociar con Australia, Nueva Zelandia, Singapur y Canadá. Inédito. Salió en todos los diarios del mundo, aunque aquí salió poco. Y además decidimos seguir las conversaciones sobre el TPP sin Estados Unidos. Hubo una reunión en Japón de los 11 países del TPP que consideraron necesario continuar con el Acuerdo, viendo qué ajustes corresponde hacer y cómo proceder.

País Plataforma

Sabemos que Asia Pacífico es hoy la región más pujante en términos económico, por lo que ser un país puente entre Asia y América Latina es un objetivo estratégico de nuestra política exterior. Hemos avanzado en forma concreta. Junto con reafirmar nuestra amistad con China, en una visita de Estado en mayo de este año, fuimos con Argentina los únicos países americanos presentes en el Diálogo de Alto Nivel del Foro "Una Franja, Una Ruta" (One Belt, One Road o OBOR), la iniciativa liderada por el Presidente Xi Jinping.

OBOR se focaliza en la integración para el desarrollo, en base a la infraestructura, el comercio y las inversiones y es una reafirmación práctica de la importancia del libre comercio y la cooperación para el desarrollo inclusivo.

OBOR se une a otras iniciativas de gran interés para Chile como lo son el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) --cumbre que deberemos organizar en 2019 y para lo cual ya estamos trabajando-- y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), adhiriéndonos al Tratado de Paz y Cooperación en el 2016, después de años de acercamiento.

A ello se agrega que nuestro intercambio comercial con Asia ya alcanza al 40 % del total que tenemos con todo el mundo.

Adicionalmente, nos convertimos en miembro prospectivo no regional del Banco Asiático de Inversiones e Infraestructura (AIIB), creado para invertir en proyectos de infraestructura y telecomunicaciones y mejorar la conectividad entre Asia y América Latina, que cuenta con un capital cercano a los 92 mil millones de dólares. Vemos a este organismo como un impulsor de grandes iniciativas como los corredores bioceánicos que conectarán el Atlántico y el Pacífico en América del Sur, los túneles que se requieren para ampliar nuestra conexión Chile-Argentina o la construcción de puertos y aeropuertos para hacer más fluida nuestra relación comercial con Asia y otros continentes.

De la misma forma, Chile ha sugerido la posibilidad de invertir en un Cable de Fibra Óptica Transpacífico, un proyecto que podría mejorar la conectividad digital entre Asia y China con América Latina. A nuestro juicio, existe una importante coincidencia de objetivos del Banco Asiático con el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

Europa

El trabajo que estamos realizando con Asia, no implica que abandonemos la vinculación con otras áreas del mundo. Es así como Europa, a no dudarlo, constituye otro de nuestros objetivos estratégicos. Varios de los países de ese continente son países afines en ámbitos claves para nuestro desarrollo como son la cohesión social, innovación y competitividad, gobernabilidad, descentralización, recuperación ambiental.

Con la Unión Europea, mantenemos un Acuerdo de Asociación Política, Comercial y de Cooperación. Nos unen valores y formas de ver el mundo. Somos socios en temas políticos como derechos humanos, democracia, transparencia y participación, género, desarrollo sostenible y protección del medio ambiente.

En el ámbito comercial, tras 14 años de vigencia, nuestro intercambio se ha más que duplicado, creciendo a un ritmo promedio de 6% anual. Hoy, la Unión Europea es nuestro tercer socio comercial y principal inversionista.

La modernización de nuestro Acuerdo se ha convertido en una prioridad para nuestro país, considerando el peso económico de los Miembros de la Unión Europeo, sus inversiones en Chile y las nuevas áreas de colaboración en ámbitos como ciencia y tecnología, cambio climático, seguridad e innovación.
El pasado 24 de mayo de 2017, el Colegio de Consejeros de la UE aprobó el Mandato para las negociaciones de nuevo Acuerdo y, ahora, los Estados Miembros deben dar su aprobación. Esperamos realizar la primera ronda en septiembre y aprovechar toda nuestra experiencia conjunta culminar la negociación en un plazo razonable.

CONTRIBUIR A LA GOBERNANZA GLOBAL
La gobernanza global se está debilitando no sólo porque el poder se torna difuso, sino también por las presiones proteccionistas, por afanes nacionalistas y por un déficit de liderazgo a nivel global. A ello se suman conflictos nuevos y antiguos.

Las instituciones de Naciones Unidas hacen lo que pueden, pero están sobrepasadas y desfinanciadas. No pueden hacerse cargo de los desafíos de globales cuando la lógica de las organizaciones internacionales está basada en Estados miembros. Las relaciones internacionales siguen estando tercamente centradas en el Estado, aun cuando el poder se difunde y la globalización se profundiza.

A Chile le interesa contribuir a la gobernanza global, a un mundo con reglas claras, a un multilateralismo vigoroso, donde no primen los intereses de los más fuertes ni el unilateralismo. Hay áreas dónde países como Chile pueden jugar un rol importante.

Cambio Climático

Hace más de un año la comunidad internacional adoptó el Acuerdo de Paris, que establece un plan de acción global para evitar los peligros del cambio climático, al limitar el calentamiento global por debajo de 2 °C, ojalá a 1,5%. Pero, vamos mal.

Chile es uno de los Estados más vulnerables. En marzo de 2015 se registró la temperatura más alta de la península antártica de la que se tenga registro (17, 5 grados Celsius) y 3 días después en Atacama llovió en un día lo que había llovido en 14 años. Y ya sabemos lo que sucedió con los aluviones, que costaron la vida de muchas personas y hubo, además, pérdidas materiales inmensas. Los científicos me han dicho que ello tiene una relación directa con el cambio climático. Creo que de eso nos estamos dando cuenta todos.

Chile se encuentra entre los 146 Estados que lo han ratificado (además lo han firmado otros 48 países). Chile se comprometió, mediante su Contribución Nacional Determinada, a reducir en un 30% su intensidad de emisiones por unidad PIB al 2030, y a aumentar esta cifra a 45%, en caso de contar con apoyo internacional. También, se fijó una meta forestal, entre otras medidas, consistente en la forestación de 100.000 hectáreas, principalmente con bosque nativo.

Pero, no solo eso, sino que, siguiendo con los hechos significativos ocurridos en días recientes, la Presidenta Michelle Bachelet presentó al país el Plan de Acción Nacional de Cambio Climático, que cuenta con 16 objetivos específicos y sus correspondientes líneas de acción, que se materializan en 96 medidas

Nuestro Océano

En este marco ambiental, Chile también ha destacado por el trabajo que está realizando para la protección oceánica. Tenemos una vocación marítima y la certeza de que en este ámbito está gran parte de nuestro futuro. Por ello es que estamos diseñando una Política Oceánica, que debe estar terminada a fines de año.

Somos uno de los principales impulsores de la iniciativa "Nuestro Océano", que aborda las distintas facetas del uso sustentable del mar, y participamos recientemente en una cumbre de alto nivel, en Naciones Unidas, relacionada con la implementación del ODS 14, directamente vinculado a la conservación de los espacios marinos.

Nos enorgullece que Chile avance significativamente en materia de conservación marina, con la creación del parque marino Nazca-Desventuradas –que está frente a Caldera, donde no se puede pescar- y las áreas marinas protegidas del Archipiélago Juan Fernández, donde los propios pescadores hacen un aporte a la protección de manera artesanal. y Cabo de Hornos. Así, nuestro país ha alcanzado un 13,6% de nuestra Zona Económica Exclusiva bajo protección, con lo cual se cumple con la meta establecida en el marco del Convenio sobre Biodiversidad Biológica (CBD). Asimismo, se está trabajando para concretar un área marina protegida en Rapa Nui, para lo cual se está iniciando una consulta a la comunidad indígena local.

Reflejando nuestro liderazgo en este ámbito, seremos anfitriones en septiembre del IV Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas.

Lo mismo hemos hecho en la Antártica.

INTEGRACIÓN REGIONAL Y CONVERGENCIA EN LA DIVERSIDAD

Un área clave para Chile es la integración regional. Es desde América Latina y el Caribe que le hablamos al mundo y nos esforzamos por presentar visiones comunes que reflejen nuestras realidades, necesidades y desafíos, aunque tengamos diversas perspectivas económicas y políticas para avanzar en el desarrollo de la región.

Reconocer esas diferencias es un acto de realismo político, pero no significa que no podamos buscar visiones comunes. Y esto no es teórico. Hemos dado la mayor demostración al llevar a la Alianza del Pacífico a dar un salto cualitativo, como es crear la categoría de Estado Asociado para quienes estén dispuestos a suscribir acuerdos comerciales con el bloque. Lo que estamos haciendo le va a dar un valor enorme a la Alianza del Pacífico.

Pero, al mismo tiempo, dijimos que Chile no quiere darle la espalda al Atlántico. Queremos tener un diálogo con el Mercosur.

Lo dijimos desde el primer momento: Convergencia en la diversidad. Hubo mucho escepticismo, incluso hasta críticas a lo que estábamos haciendo. Y hoy esa propuesta es una realidad. Porque nos sentamos los Ministros de Relaciones Exteriores con los Ministros de Comercio de la Alianza del Pacífico y del Mercosur y acordamos una hoja de ruta concreta para materializar facilitación de comercio, ventanillas electrónicas únicas, cooperación aduanera, identificación de barreras no arancelarias.

La voluntad que hay de los dos bloques es lo único que hay en materia de integración en América Latina. Todo lo demás es música celestial. Lo único concreto es lo que hemos hecho, liderado por Chile, un diálogo con el Mercosur que está rindiendo frutos, porque incluso tiene un grupo de trabajo que está pendiente de que se hagan las cosas que hemos acordado. De modo que es una iniciativa fundamental.

Priorización vecinal

Nuestro compromiso regional se ha manifestado en el gran avance de las relaciones con varios países de la región.

Con Perú, cabe destacar la realización, en julio, por primera vez en la historia, de un Gabinete Binacional de 18 Ministros de Chile y 20 de Perú, encabezado en Lima por los Presidentes Bachelet y Kuczynski.

En este encuentro se lograron 15 acuerdos y 119 proyectos concretos en las diversas áreas, con una comisión de verificación y seguimiento. Y ya algunos se están llevando adelante de aquí a fin de año, que van desde conexión eléctrica hasta cooperación desde el sur de Perú el norte de Chile. Antes de eso hicimos el 2+2, nos juntamos los Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa. Esa es integración concreta, aunque no llame mucho la atención pública.

En el intertanto tuvimos al Presidente Macri acá, para reafirmar compromisos entre Chile y Argentina. Tenemos la ratificación del túnel de Agua Negra, entre Coquimbo y San Juan. Hay 29 empresas que han presentado propuestas.

Vamos a tener un acuerdo de liberalización comercial, que debe estar listo en septiembre. Y estamos llevando adelante un Foro de Diálogo Estratégico bilateral, que busca pensar cómo podemos avanzar juntos los dos países con vistas al 2030.

Eso fuera de la conexión energética -exportación de gas y electricidad-, los swaps que están habiendo. Es decir, hay acciones concretas que nos llevan a nuestro mejor punto de relación en mucho tiempo.

De Bolivia no necesito hablar, porque nos enfrentamos con litigios en el Tribunal de La Haya, tanto por su pretensión de que esta Corte nos obligue a negociar una salida al mar, como por nuestra decisión de demandar a Bolivia para que el tribunal determine que el Río Silala es internacional y que, por lo mismo, ambos países tenemos derecho a su uso razonable y equitativo. En este contexto, hace sólo un mes, Chile presentó la Corte Internacional de Justicia la memoria en la demanda contra Bolivia por las aguas del río Silala.

Sin perjuicio de ello, y pese a los constantes ataques verbales de sus autoridades tanto a la Presidenta como a otros personeros y al pueblo de Chile, hemos llevado adelante lo que llamamos una integración silenciosa. El comercio se ha incrementado; hay más inversiones chilenas en Bolivia que nunca; hay una nueva aerolínea boliviana que ha sido autorizada para operar en Chile. Los estudiantes bolivianos vienen, muchos becados por nuestro Gobierno, a estudiar en nuestras universidades; y la comunidad boliviana es una de las más grandes que ha hecho de Chile su segundo hogar.

Además, este martes, se realizó en Santa Cruz -como lo sugerimos nosotros- el Comité de Fronteras e Integración, tras seis años en que hemos venido insistiendo en retomar estas reuniones, pero el Gobierno boliviano condicionaba todo diálogo a su aspiración marítima. Hemos logrado acuerdos prácticos que van a beneficiar a la gente, como que se esclarezca el robo de vehículos chilenos en Bolivia. Sobre ello, se va a restituir un mecanismo entre las policías que existió en algún momento.

En ese mismo contexto, cabe mencionar que ya está terminado, y está próximo a ser inaugurado, el Complejo Fronterizo de Chungará, con instalaciones en 4 mil 700 m2, con altos estándares de infraestructura, equipamiento tecnológico de punta, diversas comodidades para los funcionarios y para los ciudadanos chilenos y bolivianos que a diario cruzan el límite entre ambos países. La inversión que hicimos ahí supera los 20 mil millones de pesos. Si esta no es una disposición a la integración, ¿cómo podríamos llamarla?

Y va a haber un acuerdo en materia fitosanitaria y en un sinnúmero de otras áreas.

Así que cuando a Chile se le busca por buena, siempre nos van a encontrar en la integración. Me alegra el resultado del Comité de Fronteras y las nuevas reuniones que habrá.

Por supuesto, también trabajamos con otros países de la región. Con Brasil y Paraguay, estamos avanzando en la implementación de un Corredor Bioceánico entre Puerto Murtinho y los puertos del norte de Chile. Con Brasil hemos acordado establecer un mecanismo 2+2, cuya primera reunión se efectuará en octubre.

Con Estados Unidos y México hemos trabajado de cerca para desarrollar proyectos de cooperación para el desarrollo de los países centroamericanos, mientras que con CARICOM estamos implementando una serie de iniciativas vinculadas a proteger sus espacios marinos y crear mayor resiliencia ante desastres naturales.

La Política y Estrategia de Cooperación Internacional para el Desarrollo 2015–2018 está en plena ejecución, priorizando la región de América Latina y el Caribe y tres ámbitos de acción: formación de capital humano, género, y asistencia humanitaria y prevención y manejo de desastres naturales. En paralelo, se ha utilizado el Fondo Chile para apoyar proyectos conjuntos con la sociedad civil y entidades estatales, así como para dar ayuda humanitaria a países afectados por desastres naturales, conflictos o epidemias.

En 2016 AGCID realizó 160 proyectos en 44 países de América Latina y el Caribe, África y Asia. Entre 2014 y 2017, AGCID ha gestionado 1.566 becas, incluyendo traer a estudiantes africanos a estudiar a Chile.

No puedo dejar de mencionar el trabajo con Colombia donde nos hemos comprometido a seguir apoyando la implementación de su proceso de paz. Por otra parte, después de 13 años hemos retirado nuestras tropas de Haití, aunque seguiremos cooperando con sus autoridades para lograr seguridad y estabilidad en la isla.

DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

Para Chile, la democracia no se reduce al acto de votar. Es la separación de poderes, la institucionalidad que responde ante las demandas de los ciudadanos, la protección y promoción de los derechos políticos, sociales y civiles.
Chile sabe muy bien lo que es vivir sin democracia, por eso hemos sido muy claros frente a lo que está pasando en Venezuela y sentimos la polarización y violencia que se está produciendo en ese país. De allí que hayamos sido los primeros en promover un diálogo, una salida pacífica y democrática al quiebre del orden constitucional en ese país; y vamos a seguir persistiendo, porque no hay otra salida que los propios venezolanos resuelvan su situación, con la ayuda de comunidad internacional, principalmente los países más cercanos. No hay que olvidar en aporte que nos Hizo Andrés Bello y lo que nos enseñó del Derecho Internacional; y este, cuando uno habla de los derechos humanos, establece que no es intervenir en los asuntos internos, porque esa perspectiva hace mucho tiempo que quedó de lado.
Así que vamos a seguir insistiendo en que haya una salida distinta a la violencia y a la represión.
En el ámbito nacional, nos hemos propuesto contar con el primer Plan Nacional de Derechos Humanos, así como con el Primer Plan de Acción sobre Empresas y Derechos Humanos (que ya está listo).

En el ámbito de los derechos, uno de los logros más significativos de nuestra política exterior en este período es haber impulsado decididamente hasta su concreción la Reforma Constitucional que garantiza el derecho a voto de connacionales en el extranjero. Se trata del ejercicio de la ciudadanía, independientemente del lugar de residencia de nuestros compatriotas. Y nuestros Consulados en el exterior han ayudado a que más de 39 mil 500 chilenos estén en condiciones de votar en las elecciones presidenciales del 2017. Muchos de ellos participaron en orden y con entusiasmo en las recientes primarias, dando el primer paso para consagrar, en los hechos, un derecho para quienes siguen sintiéndose cerca de su país.

UNA CANCILLERÍA PARA EL SIGLO XXI

Un par de palabras adicionales para terminar.

Nos encontramos discutiendo en el Congreso un proyecto de modernización, que busca mejorar la eficiencia y profesionalización de la Cancillería, a fin de poder enfrentar los crecientes desafíos globales.

El proyecto crea una Cancillería capaz de responder a los constantes cambios del entorno, con personal especializado y una carrera funcionaria basada en capacidades y mérito.

Paralelamente, hemos sido insistentes en subrayar que la política exterior es una política de Estado, que requiere un respaldo transversal. Con esa perspectiva, hemos estado desarrollando un ejercicio inédito en nuestro quehacer diplomático, como es trabajar, multidisciplinariamente, y con participación de amplios sectores, para imaginar los escenarios que vienen.

Bajo la convocatoria "Política Exterior para el 2030", profesionales de los mundos público y privado se han reunido para proyectar nuestra labor en una perspectiva de tres gobiernos más, con la idea de hacer la mejor contribución posible al desarrollo del país y, por cierto, de sus habitantes. Y lo que hemos visto hasta el momento es el mejor de los ánimos para evaluar lo que tenemos y colaborar en la reflexión sobre la política exterior que sea la más útil posible a los intereses nacionales. Los invito a contribuir. Cualquiera idea de lo que debe ser la Política Exterior de Chile por parte de la Universidad Central será bienvenida.

 

Señoras y señores, estimados alumnos:

He querido darles una visión del trabajo que enfrenta nuestra política exterior en el escenario global. Tengo la certeza, no obstante la magnitud de la tarea, que la Cancillería ha logrado estrategias y acciones que nos han llevado no sólo a resguardar los intereses nacionales, sino también a asumir liderazgos en nuevos campos internacionales, siempre pensando en cómo contribuir a lograr un desarrollo equitativo y sustentable para nuestro país.

Termino con unas palabras del escritor turco Orhan Pamuk, ganador del Premio Nobel de Literatura, que escribió lo siguiente: "El mundo entero era como un palacio con innumerables habitaciones comunicadas a través de puertas. Podíamos pasar de una habitación a otra tan solo ejercitando nuestras memorias e imaginación; pero la mayoría de nosotros, en nuestra flojera, raramente ejercitábamos estas capacidades y nos quedábamos eternamente en una misma habitación".

Tiene razón Pamuk. Vivimos en un mundo cada vez más interconectado. Ciertamente, la memoria -que mantiene vivo el pasado- y la imaginación -que anticipa el futuro-, nos permiten ir de salón en salón, de país en país, creando una visión común que abre nuevas puertas.

Para Chile, éste es un objetivo fundamental. Abrir puertas, aprender de nuevos mundos, recibir a otros y que, junto a los demás, desarrollemos soluciones comunes a los desafíos globales. Y que también respondan a nuestros intereses nacionales.