Sala de Prensa
Martes, 16 de junio de 2015 
Clase magistral del Ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, en el Salón de Honor de la Universidad Católica
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Agradezco la invitación del rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, a ofrecer esta charla sobre los desafíos que enfrenta la política exterior de Chile hoy y en el tiempo por venir. Asimismo, felicito a Juan Emilio Cheyre y al Centro de Estudios Internacionales, que está cumpliendo nueve años de fructífera labor.

Vivimos en un escenario internacional particularmente complejo.

A la creciente globalización se suma el ascenso de una era digital que difunde y descentraliza el poder, en tanto la post-guerra fría, lejos de paz, nos ha traído amenazas no-convencionales como el terrorismo con aspiraciones de Estado, las pandemias y las crisis humanitarias. Paralelamente, EEUU continúa perdiendo liderazgo hegemónico, surgen tensiones que recuerdan la guerra fría entre EE.UU, Europa y Rusia, en tanto el alcance global de China se extiende de manera inexorable. Al mismo tiempo, el ascenso de las potencias emergentes se ha visto frenado en un contexto económico global de lenta recuperación de la crisis financiera del 2008, por la desaceleración económica programada de China y la caída en los precios de los commodities. En América Latina el bajo crecimiento pareciera perfilarse como lo que algunos llaman el "nuevo normal".

Como enfrentar estos retos desde la perspectiva de un país pequeño-mediano, o de renta media, como Chile?

Lo primero es que una política exterior exitosa debe ser una política de Estado, que exprese al gobierno, a la oposición y otros actores, incluyendo las universidades, y que represente los principios e intereses permanentes del país. En nuestro caso, esos principios son claros, vienen de antaño y permanecerán en el tiempo. Hablo del respeto a los tratados y al derecho internacional; la independencia y soberanía de los Estados; la defensa de la integridad territorial; la promoción y defensa los derechos humanos y de la democracia; la solución pacífica de las controversias; la responsabilidad de cooperar.

El desafío de toda política exterior es como combinar, virtuosamente, estructuras, principios e intereses nacionales.

Hemos reafirmado nuestros principios y seguiremos impulsándolos en nuestra aproximación a la comunidad internacional y en los distintos foros en que participamos. Y sobre esa base enfrentamos también los desafíos que debe afrontar la política exterior en los tiempos complejos que nos ha tocado vivir.

Globalización

El primer reto para Chile es cómo enfrentar la globalización económica, social y cultural; una muy distinta globalización de la que conocimos hace un par de décadas atrás, cuando no existía aún el internet o las redes sociales.

Estamos viviendo un momento determinante en la historia que creará nuevos ganadores y también perdedores. Dependerá de la capacidad de adaptación de las distintas sociedades dónde cada cual se encontrará luego de esta transformación.

Un reciente estudio de tres distinguidos economistas de MIT titulado "New World Order", que apareció en la revista Foreign Affairs del año pasado, sostiene que los avances tecnológicos ya han cambiado la estructura económica mundial. No serán los proveedores de mano de obra barata o incluso los dueños del capital físico, quienes serán exitosos en el futuro. Los capitalistas tradicionales se verán afectados por la automatización como consecuencia de los desarrollos tecnológicos. Serán exitosos quienes puedan innovar y crear nuevos productos, servicios y modelos de negocios. Las ideas serán los bienes escasos en este mundo, y los pocos que puedan generar buenas ideas concentrarán sus beneficios. Será el capital digital el que prime; no el capital financiero o físico.

Crecientemente veremos que se instala una curva de Pareto; es decir, que unos pocos se beneficiarán de manera desproporcional de las ganancias. Eso ya se observa. La empresa Instagram, que creó una plataforma para distribuir fotos en internet, fue fundada por 14 personas que no necesitaron mano de obra barata y muy escaso capital físico. Poco después de un año., Instagram fue vendida por 750 millones de dólares, al mismo tiempo que la tradicional empresa fotográfica Kodak --que llegó a emplear 145.000 personas--, caía en bancarrota.

En este marco, enfrentaremos un doble desafío. Primero, tener la capacidad de generar buenas ideas, nuevas tecnologías como fuente generadora de riqueza en el futuro. Y segundo, debemos asegurar sociedades inclusivas y equitativas en una estructura económica que tenderá incluso a una mayor concentración de beneficios en unos pocos. Este es y será un desafío común a los países de renta media, que debiéramos abordar coordinadamente, en el caso de Chile con otros países de la región.

En suma, la capacidad de innovación y de creación se constituye en la clave para el crecimiento de la economía mundial. La expansión masiva de las redes de comunicaciones y el acceso a internet han tenido efectos que todavía no podemos precisar plenamente en el modo en que cada uno de nosotros se relaciona con otros y con su entorno. Pero sí sabemos con certeza que la palanca para el pleno desarrollo es la incorporación plena a la sociedad del conocimiento.

Chile es un país con una economía abierta y que cuenta con una de las redes de acuerdos de libre comercio más grande del mundo. El sector exportador ha sido el gran motor de la economía desde comienzos de la década de los noventa, cuando un país en democracia se reincorporó plenamente a la comunidad internacional.

Hoy, Chile cuenta con 23 acuerdos comerciales con 64 países, los cuales representan el 62% de la población mundial. Los países con los cuales contamos con Tratados de Libre Comercio (TLC) en la actualidad abarcan el 94% de las exportaciones chilenas.

Este alto número de TLCs con los que Chile cuenta, se ha logrado a través de un trabajo en conjunto con distintos sectores, incluyendo: el Gobierno, Congreso, empresas, trabajadores, y sociedad civil.

Los resultados exitosos de nuestra política comercial se pueden observar en el aumento del intercambio comercial desde US$ 40.915 millones en el año 2003 a casi US$ 150.000 millones en el año 2014. Algunos acuerdos han sido particularmente exitosos. A partir del TLC con EEUU, el comercio bilateral ha experimentado un crecimiento exponencial, pasando de US$ 6.563 millones en el 2003 a US$ 23.532 millones en 2014; es decir, un incremento de casi 260%. Por cierto, EE.UU., Canadá y la Unión Europea son socios claves para el acceso a fuentes de innovación y educación superior de alto nivel; para acceder a la sociedad del conocimiento. Con EE.UU. y Canadá hemos logrado acuerdos de exención de visas de turismo que facilitan el comercio, el turismo, el intercambio científico y la inversión recíproca.

Chile debe acercarse a los dos grandes polos de desarrollo en el mundo: a la capacidad de innovación de los países desarrollados, especialmente Estados Unidos, y a la capacidad de producción, en China. El gran desafío es, por tanto, agregar valor a nuestros productos, así como incorporarnos a las cadenas de valor internacionales. Sólo así podremos aprovechar plenamente la amplia red de acuerdos comerciales y avanzar hacia el objetivo del desarrollo.

En ese sentido, uno de los desafíos concretos para este y el próximo año es la modernización del acuerdo de asociación suscrito hace ya más de una docena de años con la Unión Europea, un aliado estratégico de gran relevancia para Chile tanto por los lazos históricos, políticos, culturales y económicos, como por la cooperación en materias cruciales como innovación, ciencia, tecnología y educación. Ya hemos logrado un entendimiento para comenzar las negociaciones del pilar económico-comercial del acuerdo de asociación con la UE.

Recién la semana pasada regresamos de una gira que incluyó la Santa Sede, Italia, Francia y Bélgica, donde se realizó la Cumbre CELAC-Unión Europea. El año pasado, la Presidenta Bachelet visitó España y Alemania. En todas estas visitas hemos suscrito acuerdos subrayando el intercambio y la cooperación en materias científicas y tecnológicas e innovación.

Quiero destacar, en este contexto, la creciente red de cooperación e intercambio que se ha ido gestando en el ámbito académico, red de la que cual esta universidad forma parte. En la reciente gira a Francia, tanto el CRUCH como universidades por separado, entre ellas la Universidad Católica, suscribieron diversos convenios de investigación, reconocimiento de títulos, programas doctorales conjuntos y otros, con universidades y centros de investigación franceses. La Cancillería apoya y facilita la suscripción de estos acuerdos. De esa manera se diversifica y enriquece el intercambio y la cooperación, más allá de las iniciativas que toman los Estados.

Otro reto de enorme interés para Chile es el Asia Pacífico, el horizonte del futuro, región convertida hoy en la más importante del mundo en términos comerciales. La irrupción de China, con un crecimiento alto y sostenido por muchos años, pese a su desaceleración programada, ha cambiado el mapa del poder mundial y es una potencia insoslayable, que se ha convertido en nuestro principal socio comercial, superando a Estados Unidos. De ahí que estemos tan interesados en ampliar el mercado asiático, para seguir la tendencia mundial que indica que el Pacífico es el océano del futuro. Por eso, la Presidenta Bachelet ya ha sostenido dos reuniones con el Presidente Xi Jin ping y hemos recibido en Chile al Primer Ministro Li Ke qiang, con resultados de gran envergadura en materia financiera, infraestructura, inversión y comercio. Igualmente seguiremos profundizando nuestros lazos con Japón, Corea, y los países de la ASEAN.

Paralelamente, estamos avanzando en la negociación del TPP (TransPacific Partnership), que congrega a 12 países de Asia Pacífico, con una población combinada de 485 millones de personas y que representa un 15% del comercio global. Pese a que Chile cuenta con acuerdos de libre comercio con casi todos los países involucrados en el TPP, un eventual acuerdo elevaría el éstandar global en materia de comercio y servicios.

Hay estudios que demuestran que el PIB de Chile podría crecer un 1 por ciento con el TPP, y que las exportaciones podrían crecer significativamente en el mediano plazo. Pero hay áreas sensibles de la negociación, como el caso de la protección de los productos farmacéuticos biológicos. Continuaremos velando por nuestros intereses en este ámbito como en otros, con el objetivo de suscribir sólo aquello que represente un resultado balanceado y beneficioso para el país.

Cualquiera sea el resultado del TPP, seguiremos en nuestra apertura al comercio mundial por diversas vías, incluyendo la Alianza del Pacífico, las convergencias pragmáticas a nivel regional, la modernización del acuerdo con la Unión Europea, el inicio de negociaciones con la Unión Económica Euroasiática y los acuerdos bilaterales con nuevos países como Indonesia y Filipinas, por ejemplo.

Hay otra dimensión de la globalización que es muy relevante tanto para Chile como para Sudamérica, una región de países de renta media que tiene necesidades y objetivos particulares para las próximas décadas. Se trata de la definición de la Agenda para el Desarrollo Post 2015 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se llevará a cabo en Naciones Unidas el mes de septiembre. Estos objetivos son mucho más ambiciosos que los Objetivos del Milenio propuestos hace 15 años. Ya no sólo se propone abordar cuestiones tan cruciales como la erradicación de la pobreza, sino también asuntos como la desigualdad, el cambio climático y la paz y la seguridad mundiales. Por eso es tan importante que esté presente la posición de los países latinoamericanos, puesto que en torno a esos objetivos se definirá la actuación del sistema de Naciones Unidas en las próximas décadas.

Un antecedente importante es la Tercera Conferencia Internacional de Financiamiento para el Desarrollo que se realizará en julio en Addis Abeba, en Etiopía. Podemos ponernos objetivos ambiciosos, pero que serán letra muerta si no hay un buen acuerdo para financiarlos.

Otro reto global es el cambio climático, ámbito donde también habrá definiciones cruciales este año 2015. Entre fines de noviembre y comienzos de diciembre se llevará a cabo la Vigésimo Primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, más familiarmente conocida como COP21. La conservación del medio ambiente es uno de los problemas globales que requiere de soluciones globales. El objetivo de la conferencia de París es aprobar un nuevo acuerdo climático universal y jurídicamente vinculante.

Quiero destacar que Chile tiene un compromiso voluntario de reducir en un 20% su curva de emisiones hacia el año 2020, teniendo como base el 2007. También estamos en las últimas etapas de la aprobación de nuestra Contribución Nacionalmente Determinada (INDC, Intended Nationally Determined Contribution), que será sometida a la consideración del Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático previo a su comunicación oficial a la Secretaría de la Convención. Las INDCs son los principales vehículos mediante los cuales cada país contribuye al acuerdo que se adoptará en la COP21. Se espera que ese acuerdo sea efectivamente una contribución para mitigar el cambio climático, y por ello las INDCs son evaluadas por la autoexigencia que se impone el país que la entrega.

Nosotros creemos que se puede hacer más. Somos uno de los países más golpeados por el calentamiento global. Tanto las lluvias en el norte, que causaron los severos aluviones, como la prolongada sequía en el norte chico y en la zona centro-sur, son consecuencias del calentamiento global. El calentamiento global no es cosa de estadísticas abstractas, es un proceso que nos afecta de manera muy concreta. Y por lo mismo es uno de los grandes desafíos para nuestra política exterior.

En esta línea, en octubre seremos el país anfitrión de la Conferencia Nuestro Océano en Valparaíso. Esta iniciativa fue organizada por primera vez en 2014, en Washington, por el Secretario de Estado norteamericano John Kerry. Fui uno de los oradores principales en aquel encuentro, destinado a avanzar hacia la conservación y el uso sustentable de nuestros océanos. Un país con un litoral tan extenso como Chile, que además cuenta con uno de los mayores caladeros de pesca en el mundo, no puede ser indiferente a la creciente contaminación de las aguas del mar ni a la explotación indiscriminada y no sustentable de sus recursos. Por eso, le hemos solicitado a los gobiernos que participen en Nuestro Oceáno 2015, que vengan preparados para asumir compromisos, que conlleven acciones voluntarias concretas para mitigar y eliminar las amenazas para nuestro océano.

Conflictos

Otra área de desafíos para la política exterior de Chile son los conflictos mundiales.
El mundo de la post guerra fría no ha sido el reinado de la paz, como los más optimistas esperaban tras el derrumbe de la Unión Soviética. Si bien la amenaza nuclear, el gran fantasma que persiguió a varias generaciones, está más controlado, no han cesado los conflictos, las guerras civiles, la aparición de grupos terroristas fuertemente armados que quieren imponer un orden que se contradice con los principios básicos del sistema multilateral. Por ejemplo, el Estado Islámico, una organización que se superpone a los Estados y que ha sido parte de una brutal escalada de la violencia en el Medio Oriente, amenaza no sólo a esa región, sino también a las aledañas, como el norte de Africa.

Chile, en su participación en el sistema multilateral, asume tanto los derechos como los deberes. Queremos contribuir constructivamente a un orden mundial más armonioso y que brinde oportunidades a todos. En esta perspectiva, participamos como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en 2014 y en el presente 2015. Nos correspondió presidirlo en enero y logramos instalar el tema del desarrollo inclusivo.

Pensamos que es imperativo mirar los conflictos desde una perspectiva más amplia. Por eso sostenemos que para prevenir conflictos y consolidar los procesos de paz es necesario abordarlos en sus múltiples dimensiones: socio-económicas, étnicas, religiosas y territoriales. La desigualdad, instituciones débiles, un Estado de derecho precario, restricciones a las libertades, carencias económico-sociales y de oportunidades; las tensiones de género, étnicas, tribales, religiosas y las más diversas manifestaciones de discriminación, amenazan tres conceptos esenciales: la cohesión, la inclusividad y el respeto a lo diferente.

Si nos apartamos de esos valores, en cualquier contexto fracturamos las bases de la convivencia social y ese es el germen para la desafección a la estructura constitutiva, jurídica, política y de principios de toda comunidad. Por ello, en el Consejo de Seguridad nos hemos preocupado de recordar cómo los temas de inclusión están asociados a los ciclos de conflicto, destruyendo frecuentemente el tejido social de las comunidades.

Parte de nuestra voluntad de asumir los deberes que implica la participación en la comunidad internacional es la participación de Chile en diversas operaciones de paz. La más significativa hoy es Haiti, dónde Chile constituye una parte importante del contingente latinoamericano en la MINUSTAH; el 75% de los cascos azules de son latinoamericanos. En paralelo, Chile ha contribuido al proceso de estabilización política haitiana, mediante iniciativas que buscan fortalecer las políticas públicas y crear institucionalidad. Chile comparte la inquietud regional de que el eventual retiro de tropas debe ser gradual y ordenado, siguiendo la consecución del proceso electoral, un elemento clave para la estabilidad de Haiti.

Integración Regional

Otro reto altamente relevante para Chile es la integración regional. Somos parte de la región y desde América Latina podemos proyectarnos al mundo y presentar posiciones comunes, que reflejan nuestra realidad y también nuestras necesidades y brechas en materia de desarrollo. Ello, no obstante, nuestro reconocimiento que la región es diversa. Que hay caminos distintos para el desarrollo, que hay políticas económicas diferentes, que hay visiones distintas y hay que respetarlas. Es realismo político reconocer las diferencias, pero sin dejar de buscar convergencias. Porque hay muchos elementos que unen a esta región.

Chile quiere ser protagonista de la política regional a partir de lo que somos. Acá están los mercados para productos con mayor valor agregado y servicios, así como las mayores oportunidades para invertir. Hay mucho por avanzar pues el nivel de comercio intrarregional es de un 18%, comparado a un 69% de la Unión Europea.. Según el BID, para Chile sólo un 14% de sus de sus exportaciones tienen como destino los países latinoamericanos, mientras que alrededor de 22% de las importaciones provienen de nuestra región.

Para ello tenemos que avanzar hacia una integración real. Tenemos pendiente desafíos en infraestructura para concluir los corredores bioceánicos, que hemos acordado priorizar con Brasil, Paraguay y Argentina. En materia de inversiones, tenemos vínculos muy potentes y profundos con países de la costa atlántica y de la del Pacífico. En el período 1990-2014, Chile ha invertido sobre 25.000 millones de dólares en Brasil y casi 17.000 millones de dólares en Argentina. En tanto, Las inversiones chilenas en países de la Alianza del Pacífico son de 17.500 millones de dólares en Colombia y 14.500 millones de dólares en Perú.

Este último año, Chile ha agregado densidad a sus lazos con una región que es mucho más diversa y compleja que en el pasado. Las dos principales iniciativas de integración regional y contribución regional al diálogo en América Latina han sido concebidas o lideradas por el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.
En primer lugar, se ha instalado el concepto impulsado por Chile de la convergencia en la diversidad, que propone el acercamiento pragmático entre los principales bloques económicos subregionales y, más concretamente, entre la Alianza del Pacífico (AP) y el MERCOSUR. Como evidencia baste revisar la prensa regional, el planteamiento de la Presidenta Dilma Rousseff en su reciente visita a México, o el importante trabajo de la CEPAL titulado "La Alianza del Pacífico y el MERCOSUR: Hacia la Convergencia en la Diversidad".

Creemos que a nuestra red de acuerdos bilaterales debe sumársele un entendimiento entre bloques, aunque sea en materias puntuales. Hay un valor agregado en la concertación más amplia. El mundo actual es un mundo de bloques. Negocian las regiones y, en consecuencia, un bloque regional en sintonía nos permitiría obtener ventajas políticas y económicas en la sociedad global.

Por ello, los cancilleres y ministros de comercio de la AP y el MERCOSUR, a proposición de Chile, nos reunimos primero en Colombia y luego en un seminario en Chile, donde avanzamos en la idea de un acercamiento entre los dos bloques. No se trata de una fusión entre los dos esquemas económicos, pues eso no sería realista, ni conveniente, por las obvias divergencias entre ambos en materia arancelaria y regulatoria. Un diálogo pragmático tampoco supone diluir o frenar el avance propio de la Alianza.

A Chile le interesan ambas costas del continente, tanto el Pacífico como el Atlántico. Hemos concordado que es útil buscar una convergencia puntual, un diálogo acompañado de acciones pragmáticas, graduales y complementarias sobre asuntos tan diversos como ventanillas únicas, facilitación del comercio, infraestructura, PYMES, intercambio estudiantil, turismo y otros asuntos que ayuden a generar más comercio y prosperidad para todos. Como resultado del evento en nuestro país, la Cancillería preparó una "agenda corta" de acciones concretas de trabajo entre los dos bloques, que está siendo considerada por los gobiernos.

Igualmente, hemos participado activamente en la Alianza del Pacífico llevando ideas concretas para fortalecerla, como el establecimiento de un grupo de trabajo sobre minería y desarrollo sustentable, inmediatamente apoyado por los otros tres países. También hemos abogado por la apertura del transporte aéreo entre los cuatro países de la AP y pese a que el tema estaba congelado; ahora al menos se ha reabierto.

Las relaciones con Brasil han sido particularmente intensas en el último tiempo, al igual que los vínculos con los países de Centroamérica, lo cual ha quedado reflejado en acuerdos políticos y comerciales, y programas de cooperación.

En ese conjunto de materias se puede ir construyendo una suerte de arquitectura sobre la base de ladrillos; ladrillos que son las distintas instancias subregionales que van conformando, poco a poco, un edificio regional de integración. He citado a este respecto un concepto acuñado en la Unión Europea: las velocidades diferenciadas o geometría variable, que permite que los países que están en condiciones, y así lo deseen, avancen más rápido que los demás sin perder de vista un horizonte común de largo plazo. Por lo tanto, en materia arancelaria, perfectamente podría la Alianza del Pacífico seguir con el vigor que nosotros quisiéramos que tuviese, y que el MERCOSUR lo hiciese a su ritmo y con sus posibilidades, en tanto trabajamos en estos otros elementos de integración que nos ayuden a construir este edificio.

La segunda gran iniciativa regional, en este caso a través de UNASUR, ha sido la promoción del diálogo político en Venezuela mediante una misión de Cancilleres, iniciativa impulsada por Chile y acordada en nuestro país el 12 de marzo del 2014. La gestión de los cancilleres de UNASUR arrojó frutos concretos de distensión, pero hacia mediados del año pasado, se estancó. Chile ha apoyado la reactivación de la troika de cancilleres, cuestión que ya ha ocurrido, centrado en el apoyo a la realización de las elecciones legislativas que se deberán realizar hacia fines del presente año.
Por otra parte, Chile ha tenido un papel regional gravitante en el acompañamiento de las conversaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, con la designación de dos altos representantes nacionales que han aportado pro-activamente al proceso.

En la región enfrentamos problemas comunes. Tenemos desafíos de enorme magnitud respecto a la desigualdad, la seguridad ciudadana, la incorporación a las cadenas de valor internacionales.

Seguimos siendo la región más desigual del mundo, aunque hemos disminuido la pobreza. Nuestros sistemas políticos también requieren de reformas y de acciones para profundizar la democracia, generar confianza y estimular la participación. Todos queremos países más inclusivos, más solidarios, con democracias firmemente asentadas en la ciudadanía, más respetuosos del medio ambiente, más seguros, con ciudades más amables.

Está demostrado que la educación de calidad es un motor de crecimiento económico y de inclusión social. Aquí podemos apoyarnos unos a otros, al igual que en la mejora de nuestra competitividad. La carencia de capital humano es un problema ético pero también económico, puesto que una empresa latinoamericana tiene déficits de capital humano tres veces mayor que las empresas radicadas en Asia del Sur, por ejemplo. Educación, innovación y competitividad son claves para evitar la trampa del ingreso medio según la cual el aumento del PIB se ralentiza una vez alcanzado un nivel intermedio de desarrollo.

Si estamos frente a un horizonte común de desafíos, también podemos poner por delante de nosotros un horizonte común de tareas. A ello nos referimos cuando planteamos la idea de la convergencia en la diversidad. Somos distintos, tenemos diferencias, pero anhelamos las mismas cosas y por ello creemos que es una cuestión de racionalidad política y de responsabilidad ante nuestros pueblos que podamos trabajar juntos para el bienestar de todos.

En temas vecinales, con Argentina hemos construido una relación muy cercana. Hace pocas semanas se llevó a cabo una jornada binacional en Santiago, con reuniones de Ministros, de Intendentes y Gobernadores de la Frontera Común y de la Comisión Parlamentaria Conjunta. Sólo en materia de relaciones exteriores, suscribimos cinco acuerdos, que se suman a los tres protocolos firmados anteriormente entre los dos Cancilleres para una mayor conectividad entre ambos países a través de túneles y pasos fronterizos.

Con Perú la relación ha superado momentos difíciles, y hemos dado pasos sustantivos en la integración, estableciendo fluidos canales para las inversiones mutuas y el comercio bilateral, así como para un diálogo político, social y cultural que no cesa de crecer. Los flujos migratorios y turísticos nos han ayudado a conocernos mejor y a respetarnos más. Agreguemos la existencia de una frontera viva entre Arica y Tacna, que es cada vez más rica e interdependiente. Nuestra postura es que la relación con Perú es de futuro y que debe consolidarse cada vez más.

Con Bolivia quisiéramos mejorar la relación, pero la demanda unilateral y carente de sustento jurídico presentada por Bolivia contra Chile en la Corte Internacional de Justicia ha condicionado los vínculos bilaterales. Ahora estamos a la espera del fallo de la Corte sobre interposición de las objeciones preliminares a la competencia de la Corte respecto a esta demanda, que busca revisar el tratado de 1904 y, por tanto, es contraria al artículo VI del pacto de Bogotá.

Nuevos retos

Finalmente, hay nuevos desafíos que se desprenden de la coyuntura mundial.

Uno de ellos es la cooperación Sur-Sur. Durante mucho tiempo, Chile fue un receptor neto de la ayuda para el desarrollo. Actualmente, por el nivel de crecimiento y desarrollo del país, tenemos que asumir los deberes que ello implica. Por eso tenemos diversos programas de cooperación, muchos de ellos triangulares hacia países latinoamericanos y, en menor medida, con países africanos, región que visitó el año pasado la Presidenta Bachelet.

Un mecanismo innovador clave de nuestra cooperación es el Fondo Chile contra el Hambre y la Pobreza, que se suma a los proyectos de cooperación triangular que estamos incrementando.

El intercambio de buenas prácticas es una herramienta muy eficiente. Y si hemos desarrollado políticas públicas exitosas en materias de institucionalidad estatal, de consolidación de la democracia, en salud o en educación, es un deber ético y una política inteligente compartirlas y cooperar con otros países.

En Centroamérica, una zona con altos indices de criminalidad, estamos colaborando con el Plan Alianza para la Prosperidad definiendo programas de cooperacion en materia de seguridad pública. Con Mozambique, Sudáfrica y Angola, está el programa de becas Mandela, para realizar estudios de magister en Chile.

Otro tema que ha adquirido relevancia para Chile es el de las migraciones. Y no sólo para Chile. Es un asunto de primera línea en el ámbito multilateral, puesto que la miseria y la violencia en países centroamericanos y africanos, así como las guerras en el Medio Oriente, han provocado un incesante flujo de personas hacia sociedades más desarrolladas. Ello ha causado catástrofes humanitarias en el Mediterráneo y el tráfico de personas se ha convertido en una nueva industria ilegal y violatoria de los derechos humanos.

La migración, desde el punto de vista de Chile, es positiva. Nosotros pasamos de ser un país con un alto porcentaje de compatriotas en otras naciones, por razones políticas y económicas --como es el caso de la alta población chilena en el sur de Argentina--, a un país que crecientemente recibe ciudadanos de Perú, Colombia, República Dominicana, Bolivia, Ecuador, Argentina y España, entre otros. Creemos que este flujo nos enriquece. Valoramos la creciente diversidad en el país. Pero, sin duda, se trata de un tema que hay que regular a través de una nueva política migratoria, actualmente en discusión, materia en el que el sistema de Naciones Unidas tiene mucho que aportar.

Otro reto del tiempo presente es la existencia de una comunidad de chilenos en el exterior, compatriotas que son un activo nacional y demandan el ejercicio de ciertos derechos. Uno, fundamental, es el que el Congreso materializó el año pasado, al introducir una modificación constitucional que permite votar en las elecciones presidenciales a los chilenos que residen fuera del país. Estamos conversando con las comunidades chilenas e hicimos una consulta ciudadana para la definición de la ley orgánica respecto a esas votaciones. Desde que recuperamos la democracia, éste era un anhelo vivo en tantos compatriotas que emigraron por diversas razones, de manera que una de nuestras tareas es ayudar a definir cómo se concretará este derecho.

Otro nuevo reto es que, crecientemente, nuestras regiones se vinculan con el exterior de manera directa. Y está muy bien que así sea, con la debida coordinación de la Cancillería. Atraer inversiones a las regiones, promover la internacionalización de las PYMES, adoptar iniciativas autónomas en el campo de las relaciones culturales con otras regiones o países del mundo es positivo, y la Cancillería apoya estos esfuerzos. Un ejemplo es la instalación de 15 centros de apoyo a las PYMES en las regiones, a través de la red de Pro Chile de nuestra Cancillería. Todo ello también implica nuevas exigencias para nosotros, en el sentido de orientar y de brindar toda la información necesaria para que esas iniciativas tengan éxito, a través de la Dirección de Coordinación con las Regiones (DICORE).

No puedo dejar de mencionar el impacto externo de la actual situación de crisis de confianza que impera en nuestro país. Es innegable que las denuncias relacionadas con el financiamiento de la política han generado una mayor presencia de nuestro país en medios internacionales, los cuales han cubierto los distintos casos que han afectado a la clase política.

Sin embargo, hay que poner esto en perspectiva. Si bien hay medios que han sostenido que Chile se ha visto afectado por situaciones de corrupción parecidas a los que han enfrentado otros países, en la mayoría de los casos se contextualiza dicha información, señalando que esto llama la atención justamente porque la corrupción en Chile está dentro de las más bajas de América Latina. Para refrendar esto, los medios suelen citar el ranking de Transparencia Internacional, en el que Chile figura hasta el año pasado como el país menos corrupto de la región, junto a Uruguay.

En términos del volumen de la cobertura, también es importante consignar que otras coyunturas nacionales han concentrado una mayor difusión en la prensa internacional, según muestra la Fundación Imagen de Chile. Durante el primer trimestre del 2015, la demanda marítima boliviana fue la noticia que tuvo la mayor cobertura, al concentrar un 8,7% de la difusión. Le siguieron hitos como el Rally Dakar (5,7%) y el desempeño de los chilenos en la liga de fútbol de Inglaterra.

Nuestro país tiene un capital de marca ganado, es ampliamente reconocido por su gobernabilidad y seriedad de sus instituciones, y eso no se va a alterar fácilmente. Eso lo hemos constatado en giras internacionales. Recordemos, además, que la imagen país tiende a ser un elemento estable en el tiempo y la reputación de una nación tarda años en construirse, pero también requiere hechos prolongados en el tiempo para modificarse.

Es fundamental entender que las audiencias comprenden que los países pueden sufrir coyunturas adversas y lo que verdaderamente construye imagen es cómo el gobierno y la sociedad reaccionan frente a estas situaciones y qué medidas adoptan. En ese sentido, ha sido bien percibida la actitud del gobierno de la Presidenta Bachelet.

Así, si bien inicialmente la prensa internacional, especialmente la de Latinoamérica, informó ampliamente sobre la evolución de los casos, posteriormente la cobertura cambió a las medidas para enfrentar la crisis política. Diversos medios han dedicado artículos a los anuncios hechos por la Presidenta Bachelet para evitar la futura ocurrencia de acontecimientos de este tipo.

En suma, hay más temas sobre Chile que están generando conversaciones en otros países y que contribuyen de manera positiva a nuestra imagen.

La mayoría de los retos anteriores conduce a la necesidad de modernizar la Cancillería, para ponerla a la altura de las exigencias que nos plantea el mundo contemporáneo. Planeamos enviar al Congreso Nacional un proyecto de ley en el segundo semestre de este año. Es urgente fortalecer los instrumentos y diseños estratégicos de la política exterior. Ha habido muchos esfuerzos previos que no han llegado a puerto. Confiamos en que esta vez sí tendremos éxito en actualizar una estructura que todavía se rige por un estatuto de hace 37 años, cuando la realidad mundial y nacional eran muy distintas de las actuales.

Como pueden ver, las tareas de la Cancillería son amplias y diversas. Conducir la política exterior es una facultad de la Presidenta de la República y el Ministerio de Relaciones Exteriores es el organismo que la asesora. La diplomacia presencial, a través de las giras y de la participación de la Presidenta en las Cumbres internacionales, ha sido fundamental para la inserción del país en el mundo actual. Pero requiere de un organismo ágil y eficiente que la apoye en sus tareas. A eso aspiramos, con el apoyo de toda la sociedad, para seguir implementado una política de Estado frente a los grandes retos de nuestros tiempos.

Muchas gracias.